¿Los supremacistas blancos beben leche?

25/10/2018

22/10/18 Fuente ABC. En mitad de la calle, un grupo de hombres descamisados parece entregado a una especie de danza de exhibicionismo viril mientras se echa al gaznate a borbotones el contenido de unas garrafas de plástico. Por el comportamiento de los protagonistas, puede parecer que los recipientes están llenos de alcohol, pero en realidad es leche.Esta escena tan chocante ocurrió el año pasado en Nueva York y muestra claramente una tendencia que sigue en vigor en la América de Trump. Los supremacistas blancos han escogido la leche como símbolo de sus ideas racistas, tergiversando conocimientos científicos sobre los genes para sus propios intereses.
En los últimos meses, algunos científicos han detectado que sus estudios académicos aparecen distorsionados en foros de internet de extrema derecha, según confesaron durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Genética Humana al diario «The New York Times». Otros han tenido que responder a preguntas confusas sobre afirmaciones de la superioridad blanca «envueltas en jerga de genética humana».
Lo que pretenden los supremacistas es llamar la atención sobre un rasgo genético que es más común entre los blancos que en otras etnias: la capacidad de digerir la lactosa en la edad adulta.  Alrededor del 35% de la población mundial es tolerante a la lactosa, siendo este rasgo mayor en Europa que en el resto del mundo, especialmente en los países escandinavos. En Noruega la cifra de tolerantes se sitúa en torno al 95% mientras que en Italia baja a la mitad.
Antiguamente, cuando nuestros antepasados pasaban a la edad adulta, los genes que controlaban la producción de la lactasa (la enzima encargada de metabolizar y digerir la lactosa de la leche) se inhibían. Si el adulto hubiese intentado tomar leche habría tenido problemas digestivos, como flatulencia o diarrea, lo que le ocurre a cualquier persona intolerante a la lactosa hoy en día. De esta manera, la naturaleza permitía que la madre se pudiera quedar otra vez embarazada y alimentar al nuevo bebé.
Pero hace unos 4.500 años, cuando los primeros criadores de ganado se asentaron en Europa, una mutación dejó encendidos esos genes. Ocurrió en las planicies de la actual Hungría, hasta donde habían llegado emigrantes procedentes de Grecia y los Balcanes. El consumo de esos productos lácteos tenía varias ventajas evolutivas, como un aporte extra de proteínas y grasas, y una descendencia más fértil. De esta forma, las poblaciones tolerantes a la lactosa se expandieron sin dificultad por Europa.

«Si no puedes tomar leche, vete»
Los supremacistas blancos estadounidenses recurren a estos hallazgos científicos para argumentar su odio en contra de las personas de origen africano o asiático. «Si no puedes tomar leche, tienes que irte», dicen orgullosos de ser tolerantes solo con la lactosa. Claro que no reparan en una verdad inconveniente, que es que otro ejemplo de mutación parece haber ocurrido entre los criadores de ganado en el este de África.
Como dice John Novembre, biólogo evolucionista de la Universidad de Chicago, a «The New York Times», la obsesión de los segregacionistas por los lácteos (acuden con cajas de leche a los mítines de sus líderes políticos y utilizan ese símbolo en redes sociales para demostrar su orgullo de raza) resulta preocupante. A su juicio, debe hacer pensar a los genetistas en cómo comunican sus investigaciones sobre un tema tan complejo, delicado y lleno de matices al gran público, que muchas veces carece de la capacidad para entenderlos y acostumbra a pensar en términos… de blanco y negro.

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