Enfermedades relacionadas

En esta sección diferenciaremos lo que es una ALERGIA (hipersensibilidad inmunológica) de una INTOLERANCIA (hipersensibilidad no inmunológica) y nos centraremos en dos tipos de reacciones alérgicas que están relacionadas con nuestra intolerancia: La enfermedad celíaca (EC) y la alergia a la proteína leche de vaca (APLV) y encontrarás las asociaciones dónde dirigirte si quieres saber más.

Enfermedad celíaca EC
Afecta 1% de la población adulta y es permanente de por vida
La enfermedad celíaca es un desorden sistémico crónico con base inmunológica causado por la ingesta de gluten en personas con predisposición genética. La enfermedad celíaca provoca una lesión inflamatoria y atrofia de las vellosidades intestinales provocando un problema de malabsorción de nutrientes y déficit de minerales como hierro, calcio, vitaminas y grasas. Este déficit provocará en consecuencia problemas sistémicos: reumatológicos, endocrinológicos, neurológicos, dermatológicos o reproductivos. El gluten es una proteína presente en los granos de los cereales trigo, cebada, centeno y avena, así en sus variedades naturales e híbridas, como la espelta y el kamut (variedades antiguas de trigo), triticale (híbrido de trigo y centeno) y tritordeum (híbrido de trigo y cebada). Se calcula que sobre el 50% de los celíacos presentan intolerancia a la lactosa secundaria en su fase previa de diagnóstico. La enzima lactasa es una de las primeras enzimas que desparecen de las vellosidades intestinales cuando están dañadas. Cuando el celíaco diagnosticado inicia la dieta estricta de exclusión, va recuperando sus vellosidades y la enzima lactasa, por lo que en un alto porcentaje de celíacos se recuperan y dejan de padecer intolerancia a la lactosa a medida que se recuperan sus vellosidades y enzimas digestivas.

   

 

Alergia a la proteína leche de vaca APLV
Afecta a un 2% de la población (infantil)
Se considera alergia a las proteínas de leche de vaca APLV cuando un individuo, tras la ingesta de proteínas lácteas (caseína básicamente) manifiesta una respuesta anormal con síntomas dentro de las reacciones adversas a alimentos y en ese proceso hay un mecanismo inmunológico comprobado. Dentro de las respuestas inmunitarias conocidas como alergias, la mayoría son del grupo hipersensibilidad inmediata. Tras la exposición al alérgeno el sujeto se sensibiliza y produce anticuerpos específicos para algunas fracciones proteicas de la leche, son las inmunoglobulinas E IgE especificas. Después de una segunda exposición el antígeno se fija a las IgE y se desencadena una respuesta de diversa magnitud, es la reacción alérgica. Frecuentemente se ponen de manifiesto los síntomas en el primer contacto aparente con la leche, como la introducción de biberón. Incluso a veces durante la lactancia materna se ven síntomas por el paso de proteína a través de la secreción láctea como pueden ser la exacerbación de dermatitis. En el caso de alergia a proteínas lácteas de hipersensibilidad inmediata IgE mediada, la clínica aparece en menos de 60 minutos desde la toma, y la gravedad de los cuadros de alergia a la leche es muy variable dependiendo del grado de sensibilización y de la cantidad ingerida. Además de por ingestión, la leche puede producir síntomas por contacto cutáneo directo o indirecto besos, roces, vómitos y también síntomas respiratorios por inhalación. Por orden de frecuencia, lo más habitual son síntomas cutáneos, seguidos de digestivos o asociación de ambos y finalmente respiratorios y anafilaxia. Al igual que en otras alergias alimentarias el estudio alergológico consiste en la elaboración de una historia clínica, prick test, determinación sanguínea de IgE específica y exposición controlada. Una vez establecido el diagnóstico se realizan revisiones periódicas en las que el alergólogo evalúa la evolución. En el caso de la APLV, como el inicio suele ocurrir en el primer semestre de vida, es habitual realizar una revisión seis meses después del cuadro inicial. A partir de ese momento y hasta los 4 años de edad, en la mayoría de los casos, se revisa al paciente anualmente repitiéndose el estudio alérgico. La APLV, aunque tiene un mismo origen alimentario, no tiene nada que ver con la intolerancia a la lactosa.