La jefa que maneja 4 millones de litros de leche a la semana

04/05/2021

26/04/21 Fuente El Español.

Muchas de las mujeres que han llegado a ocupar puestos de responsabilidad en sectores tecnológicos o muy masculinizados tienen dos cosas en común: eligieron sus carreras porque sacaban muy buenas notas en ciencia y tuvieron que ir rompiendo techos de cristal. Sin embargo, pocas se encontraron con el escenario de tener mujeres directoras que les sirvieran de referentes aunque fuera, al menos, para saber que querían ascender.

Precisamente, ese es el caso de Isabel Álvarez (42 años), la primera directora de fábrica que tuvo Lactalis en España, el mayor productor lácteo del mundo, y que ahora es la jefa de la instalación de Puleva en Nadela (Lugo).

“En 2017, fui la primera mujer que asumió ese cargo, pero creo que hay una apuesta clara del grupo porque seamos más mujeres al mando y ahora hay otras dos directoras de fábrica: Rosa en la de Zamora y Cristina en la de Guadalajara, donde empecé”.

Esta asturiana tenía claro desde pequeña que quería estudiar una ingeniería porque lo suyo eran las ciencias, las matemáticas, el dibujo técnico… pero no sabía por cuál decidirse. “Opté por Ingeniería Química porque tenía una nota de corte alta y estaba en Oviedo, mi ciudad… A los 17 añitos es difícil saber qué quieres hacer el resto de tu vida, pero pensé que era buena opción”.

En la Universidad, todavía Isabel disfrutó de casi una igualdad al 50% entre alumnas y alumnos, pero en el profesorado, la cosa cambiaba e iba a peor cuanto más se subía en la escala de poder: “En mi año éramos casi la mitad de chicas, yo creo que porque la nota de corte era muy alta, pero con el profesorado era justo al revés, igual había tres o cuatro profesoras entre todas las asignaturas. Y los catedráticos eran todos señores y de bastante edad”.

Por eso, reconoce que se llevó una gran sorpresa (de las buenas) cuando, tras hacer un Máster de Biotecnología Alimentaria en la Universidad de Oviedo, tuvo la bendita casualidad de entrar a trabajar en una empresa donde la dirección era cosa de mujeres. 

“Tener jefas y directoras me influyó a la hora de pensar que yo también podía llegar a puestos de dirección. En la primera quesería que trabajé, tanto la directora como la responsable de calidad eran chicas y además no muy mayores, entre 35 y 40 y me gustó mucho porque fue un cambio respecto a la facultad, con todo profesores. Salir y ver chicas un poquito mayor que yo ocupando puestos de responsabilidad y con un nivel de preparación tan alto, fue motivante”.

Aún así no ha sido fácil para Isabel llegar a puestos donde nunca antes había estado una mujer. Entrar en el sector lácteo siendo asturiana era casi lo único marcado en su camino después de haber elegido la especialidad de alimentación en la carrera. “En Asturias igual que en Galicia hay mucha ganadería y mucha industria láctea por lo que es fácil acabar en el sector. Estuve en una quesería de Asturias, en una fábrica de leche de la competencia, también en Asturias, y en un Laboratorio Lácteo Interprofesional… Hace ya 22 años”.

En su familia, Isabel, una ingeniera trabajando en la industria, es curiosamente “el bicho raro” ya que todos son funcionarios, “entre hospitales, Interior, Justicia…”. Pero también fue un poco bicho raro cuando empezó a ascender en un sector donde las vacas y su explotación han estado tradicionalmente en manos sólo de hombres.

“Ahora no me tratan con paternalismo porque me ven más mayor pero en mis inicios, estoy segura de que sí lo hicieron. Cuando empecé como responsable de un taller de yogur tenía a mi cargo a 70 trabajadores, en un entorno industrial de 400 y el director de fábrica me daba consejos como si fuera su hija. Luego evolucionas y ya no pasa”.

A día de hoy, Isabel tiene a su cargo a 130 trabajadores el 77% es hombre. Curiosamente, el mayor porcentaje de trabajadoras a su cargo está en cuadros medios o directivos y la presencia de mujeres baja conforme nos acercamos más a los trabajos de operativos de la fábrica en sí.

“Aquí la formación es importante. Somos las que más estudiamos y cuando sacas un puesto de Recursos Humanos o de Calidad, o con una formación específica tienes más currículos de chicas que de chicos y es más probable que cojas a una mujer. En producción y mantenimiento nos pasa justo lo contrario”.

De hecho, en el mantenimiento de su fábrica, con una plantilla de 18 personas, solo hay una chica trabajando, que entró hace dos años y en un puesto intermedio, como jefe de equipo directamente. “Hace poco sacamos una plaza de operario de mantenimiento y no recibimos ningún currículo de una mujer. Así no tienes capacidad para escoger”.

Tradición

Isabel es consciente, en este caso, de que los roles tienen que ir cambiando porque ahora la mayoría de los procesos de producción en el interior de la fábrica están cada vez más automatizados por lo que la falta de mujeres no se puede explicar por una supuesta cuestión de fuerza. “Ahora arrancas la máquina simplemente con botones. Tienes que hacer muchos controles y verificar que todo esté bien, pero está todo automatizado ya”.

De hecho, hasta en los puestos con trabajos más físicos como puede ser la adición de sólidos o de algún tipo de ingrediente se recurre a soluciones mecánicas (ventosas, mesas elevadoras… etc) que permitiría realizarlo a cualquier trabajador. “No hay diferencia entre tener un chico o una chica en estos puestos”, aclara.

Y no será por falta de voluntad dela dirección puesto que cada vez que hacen alguna selección del personal siempre se pide “operario/a” y se trata de buscar la mayor igualdad en las opciones. Entonces, ¿por qué no hay chicas en este tipo de puestos? “Es una deuda histórica”, reconoce Isabel. 

“En la oficina y en administración te diría que hay más chicas que chicos. Las responsables de Prevención y Medioambiente y de Control y Gestión de Facturación también son chicas. En laboratorio hay 8 personas y seis son mujeres. Lo que pasa es que en este caso la media de edad es mucho más joven, ronda los 30 o 35 años. Sin embargo, la medida de edad de nuestros trabajadores hombres es al revés, estamos por encima de los 50 años”.

La tradición aún sigue dejando su peso en unas fábricas y un sector como el ganadero que ha sido ocupado desde casi siempre por personal masculino y que ahora empieza a abrirse a mujeres pero por el camino de los cuadros medios hacia arriba incluso antes que hacia abajo. “También es una fábrica con muy baja rotación que sólo surgen nuevos puestos de trabajo cuando se jubilan, una o dos personas al año, o cuando hay algún cambio”, aclara.

Lo que tiene claro Isabel es que, mientras la mujer va llegando a más puestos a nivel operario, las empresas tienen que estar preparadas para tener plantillas mucho más igualitarias. “Todas deberían tener un vestuario o un sitio reservado para mujeres. No sé si tendría que ser una obligación impuesta por la administración o por el propio empresario. Es algo sencillo, un tipo de obra que cuesta poco dinero y la imagen que das es otra”.

En la fábrica de Puleva en Lugo, hay obviamente dos vestuarios, uno para trabajadores y otro para trabajadoras, aunque las dimensiones son distintas. “El de chico es tres veces más grande que el de chicas y está petado. Las taquillas están puestas casi como setas, haciendo hueco en las esquinas. En el de chicas, tenemos taquillas vacías y podríamos duplicar el personal de mujeres. Nuestras instalaciones sí que están preparadas para ir generando más puestos de trabajo para el sector femenino”, advierte.

Puleva

El Grupo Lactalis recoge más de 1.000 millones de litros de leche al año, mano a mano con más de 2.200 ganaderos y ganaderas de España. Isabel Álvarez valora mucho de su fábrica y de su trabajo el contacto que sigue teniendo este gigante internacional con el sector rural y con la España vaciada.

“En la fábrica de Nadela recibimos unos cuatro millones de litros a la semana y la envasamos en formato UHT, en el brick slim (clásico) o brick square (cuadrado y más elevado). Con las recetas típicas de la casa”.

De sus máquinas salen paquetes de leche normal, leche sin lactosa, leche enriquecida, bebidas lácteas y preparados lácteos infantiles que se comercializan bajo la marca Puleva. Pero también apuestan por leche ecológica, además de la clásica, concentrada y fresca, que no es UHT “y que tiene que ser conservada en frío hasta los 25 días de caducidad”.

También hacen mantequilla Puleva pero que, como reconoce Isabel, “ahora por el coronavirus está de capa caída”.

La fábrica de Lugo es un ejemplo de cómo se ha transformado el sector lácteo en los últimos años para garantizar que cada consumidor pueda degustar la leche que quiere y como se han tenido que ir adaptando sin perder nunca de vista al ganadero.

“Hace años que hemos cambiado la forma de trabajar. Hemos pasado de considerar que la leche era la solamente la blanca y se iba transformando en otro tipo de productos; a trabajar ahora con cuatro tipos de leche: como si fueran verde, morada, rosa y azul y la vas tratando según el color, según la especificación que tenga”.

Ahora cuentan con leche ecológica, leche de pastoreo, leche de bienestar animal y la leche convencional, que es la de toda la vida. “El mercado está cambiando y nos hace cambiar a nosotros lógicamente”.

Destaca de Lactalis que intente siempre proteger no sólo al cliente final, sino también a los ganaderos, trabajadores, a todo su entorno. “En esta fábrica, en los últimos años, se han hecho varios avances en proyectos de I+D de calidad, se han sacado 30 o 40 nuevos productos, que muestran la apuesta por la calidad y la investigación”.

Por eso, si tiene que destacar un desarrollo tecnológico que ha transformado la producción, se queda con la inyección de la lactosa de una forma aséptica. “Hace diez años para hacer un producto sin lactosa, tenías que dejarla 24 o 30 horas para quitarle la lactosa antes de envasar. Ahora no hace falta y el proceso de deslactosado se hace en el mismo brick. Es un adelanto de tiempo, de horas, de coste, de espera de productos con el riesgo que tiene y un beneficio que repercute directamente en el consumidor, tiendo en cuenta que es una de las familias que está creciendo año a año”.

Isabel reconoce que trata de saber cualquier cosa que pasa en cualquier ricón de este monstruo blanco que trabaja 24 horas al día, 7 días a la semana. “Sólo paramos la Nochebuena y la Nochevieja, de ocho de la tarde a ocho de la mañana”.

Por eso, las primeras dos o tres horas de su trabajo se las pasa hablando con todos los mandos, dando una vuelta por la fábrica y verificando que no ha habido ningún problema, que la noche ha sido tranquila. “A las once de la mañana, tengo un punto de encuentro con todos los mandos que dependen de mí y una reunión con todo muy definido y todos los proyectos que tenemos en marcha”.

No le gusta hablar de diferencias en la forma de dirigir entre un hombre y una mujer, pero si tiene que apuntar algo, desde su experiencia, es que a las jefas no les gusta perder ni un minuto en distracciones. “Es la persona la que marca las dinámicas pero quizás porque las mujeres tienen que ocuparse de muchas cosas fuera de la oficina, es capaz de gestionar un poco mejor, ser más organizada. Gestiona el tiempo de otra forma por la escasez de tiempo que tiene y va al grano”.

Las fábricas de leche del grupo Lactalis han apostado desde siempre por la cercanía y el mundo rural. Cuatro de sus ocho instalaciones están situadas en poblaciones de menos de 25.000 habitantes, donde trabajan el 28% de sus empleados, e Isabel ha pasado de vivir en Madrid a llevar ya tres años en Galicia.

“Me gusta mucho Madrid pero no lo envidio porque eso de tardar 50 minutos para ir a tu puesto de trabajo o para cualquier cosa no te pasa aquí. Yo tardo 10 minutos en llegar a mi casa. Además, estoy cerca de Asturias, aunque no creo que éste sea mi último destino”, explica.

Y es que Isabel ya piensa, aunque sea sólo en el fondo de su corazoncito blanco, en seguir creciendo y en ir “a un entorno industrial más grande y con más responsabilidades”. Quizá uno con más luz y menos lluvia.

“Yo estoy acostumbrada a este tiempo, pero mi marido no lo lleva tan bien. Cuando llegamos a Galicia, el primer reconocimiento médico que nos hicimos le salió que la vitamina D la tenía baja por la falta de sol y mi marido me lo recuerda cada poco. La próxima aventura tengo que negociar con él y con la compañía”, bromea.