Desmontando mitos sobre la intolerancia a la lactosa

14/02/2019

09/02/19 Fuente El Periódico. Dolor abdominal, hinchazón, náuseas, flatulencia y diarrea son los síntomas más comunes de la intolerancia a la lactosa (IL), que no es otra cosa que la mala digestión de esta sustancia. La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche y en los productos lácteos. El intestino delgado necesita la enzima lactasa para digerir la lactosa. Las personas con deficiencia primaria de lactasa o lactasa no persistente (LNP) son las que presentan síntomas de intolerancia a la lactosa. No todas tienen el mismo grado de intolerancia. “Todos los mamíferos, durante el periodo de lactancia, tienen lactasa en el intestino, pero están programados para que esta desaparezca al dejar de mamar”, señala Fernando Azpiroz, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

“A lo largo de la evolución se produjo una mutación en el ser humano por la cual una parte de la población mantiene la lactasa en la edad adulta, mientras que el resto la pierde al dejar la lactancia, como ocurre al resto de los mamíferos”, prosigue Azpiroz. Según la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España (Adilac), menos del 10% de la población del norte de Europa tiene intolerancia a la lactosa; entre el 10% y el 50% de los centroeuropeos y mediterráneos pueden presentar este problema y más del 70% de los asiáticos, árabes, africanos, afroamericanos e indios americanos experimentan una “alta prevalencia” de intolerancia a la lactosa.

Problema del intestino irritable
Como explica el especialista de Vall d’Hebron, los intolerantes a la lactosa “no pueden tolerar cantidades altas de leche”. Sin embargo, el experto también introduce un matiz: “Estas personas pueden tener síntomas de intolerancia si beben un litro de leche, pero pueden tomar sin problema un cortado, un yogur o un helado”. Así, la intoleracia a la lactosa solo se manifiesta con “grandes ingestas” de leche. Adilac matiza que todo “depende” del nivel de intolerancia, pues “hay personas que con un único vaso o un yogur ya muestran síntomas”.
“Hay personas con el intestino muy sensible que, si además tienen falta de lactasa, pueden tener molestias al tomar leche, pero esas molestias también se producen con otros alimentos como las legumbres u hortalizas, o si toman fibra. Estos síntomas se deben más a que tienen un intestino irritable que a la intolerancia a la lactosa”, subraya el doctor Azpiroz, quien comenta que “no hay un aumento aparente”, en los últimos años, de intolerantes a la lactosa, si bien últimamente se habla más de esta problemática.
“A veces vienen pacientes a la consulta preocupados porque notan problemas digestivos y los atribuyen a la leche. Normalmente es porque tienen un intestino irritable. La intolerancia a la lactosa, a menudo, no está relacionada con los síntomas que experimentan”, avisa el médico. Así, Azpiroz lanza un mensaje “tranquilizador” al respecto, ya que mucha gente tiene una “concepción errónea” de esta problemática. Incluso las personas con intestino irritable y déficit de lactasa pueden tolerar pequeñas cantidades de lactosa presentes en la dieta o en algunos medicamentos, como por ejemplo el ibuprofeno o el paracetamol.

Vida “completamente normal”
Es cierto que la industria farmacéutica incluye la lactosa anhidra, la lactosa hidratada y el monohidrato de lactosa en la fabricación de muchos comprimidos, pero las dosis de lactosa en las medicinas son, en palabras de Azpiroz, “irrelevantes”. Así, el médico hace hincapié en que las personas con deficiencia de lactasa, que es una “evolución normal” de los mamíferos, pueden hacer una “vida completamente normal” y pueden tomar la cantidad de leche de una “dieta normal”. Adilac no opina lo mismo: “Una dieta normal es un vaso de leche y un yogur, es decir, 17,5 gramos de lactosa, y eso es mucha lactosa que no tolera el intolerante a la lactosa”.
Un test del aliento con sobrecarga de lactosa o una biopsia son métodos sencillos para el diagnóstico de la falta de lactasa. La Adilac incluye en su web un “termómetro” que mide los niveles de lactosa de diferentes productos lácteos.