Una vida sin

Una vez con el diagnóstico, el IL ve como su vida se ve afectada en diferentes ámbitos o esferas de su vida:

Esfera Intrapersonal
Padecer esta intolerancia genera un estado evidente de tensión, de alerta, de estrés. De estar pendiente de que puedes o no puedes consumir, de leer siempre las etiquetas de los productos, de preguntar en los restaurantes, etc.

Esfera Interpersonal
Es evidente que el hecho de comer tiene un importante componente social. Cenas con amigos, comidas de empresa, celebraciones, etc. Gran parte de nuestra vida social gira alrededor de la comida, y el intolerante a la lactosa en su vida social se siente con frecuencia limitado y diferente, debiendo hacer continuas justificaciones y explicaciones sobre el porqué de su carencia y dieta.

Esfera Dietética
Dejar de consumir lácteos, puede presentar limitaciones dietéticas importantes, y el intolerante deberá buscar alternativas ricas en Calcio, y otras vitaminas y minerales presentes en los lácteos. Y aunque existen por suerte en el mercado muchas alternativas naturales ricas en estos componentes en la dieta como pescados, frutos secos, etc. e incluso una creciente oferta de lácteos sin lactosa, es necesario contar con el asesoramiento de nutricionistas-dietistas, especialmente en la fase inicial de definición de una dieta a seguir después del diagnóstico.

Esfera Médica
Es necesario que el médico conozca cada día mejor nuestra intolerancia, y aunque hemos avanzado mucho en este sentido es necesario continuar difundiendo esta intolerancia para que sea incluida en los protocolos de diagnóstico médicos habituales. Además, según la SEIAC más de 800 medicamentos, con o sin prescripción, llevan lactosa entre sus excipientes. Eso dificulta con mucha frecuencia la prescripción del medicamento adecuado y el paciente debe dejarse guiar y ayudar sin duda por el médico especialista en la elección de una medicación alternativa libre de lactosa.

Esfera de la Restauración
Aunque la reciente normativa obliga a los establecimientos de restauración a informar sobre la presencia de los principales alérgenos en sus cartas y menús, la realidad hoy es que la falta de sensibilidad de estos establecimientos en su cumplimiento, unida a la alta rotación de su personal de cocina y sala, nos hace muy complicado ir a comer a un restaurante cualquiera. Y no digamos cuando llegamos a los postres, dónde la oferta de postres para el intolerante a la lactosa es prácticamente inexistente.

Esfera del Consumo
La lactosa está escondida en el listado de ingredientes con otros nombres, y también añadida en productos inimaginables que no deberían porqué llevarla necesariamente. Además, los productos sin lactosa son de difícil localización y de alto precio -sobre un 30-40% más respecto a sus equivalentes con lactosa-. Todo ello, sin duda, convierte la compra en el súper en una auténtica lucha diaria para los intolerantes.